Habitar el cuerpo y entender el alma.

 

No es casual que la obra de Adriana González Brun para la primera Bienal Internacional de Asunción constituyese el doble invertido de una casa. Esta instalación consta de dos partes. Cuando el espectador llega a la Sala Juan Salazar puede encontrarse -dependiendo de donde venga y por donde haga su entrada al recinto- la referencia “geometrizante” de dos casas color terracota. Una de ellas en su posición “habitual”. La otra, o su vacío, invertida y semienterrada.  Leerlas como una unidad es un acto que la artista deja no solo a la voluntad del espectador sino también a su capacidad asociativa, intelectiva y traspoladora de realidades.

 

Intencionalmente he subrayado los términos “geometrizante” y “habitual” en un deseo de referirme a las geometrías variables del cuerpo en el espacio. Es decir a sus proyecciones en el desplazamiento espacial; las cuales transforman tanto el “hábitat” como el habitus de la condición corporal. Llegada siempre de algún viaje, González Brun nos remite a una relación con el llamado de la tierra, supuestamente de la Tierra Madre, la Patria. Pero… ¿puede este colocación Madre-Patria, Positivo-Negativo, Femenino-Masculino, Originario–Derivado, devolvernos a la situación de equilibrio universal primigenia que alguna vez disfrutamos. Todos venimos de algún viaje y este es el gran enigma de la construcción poética en su obra.

 

Colocada como un dado, obstruyendo el paso a la escalera, obligándonos a darle una vuelta como buscando algo, la primera casa (o quizás segunda, depende de nuestro mirar, de nuestro andar) nos crea una sensación de incertidumbre. No hay por donde entrar, no sabemos lo que dentro de ella nos espera. No podemos predecir la enigmática situación en la que nos colocará o nos está colocando. La segunda posición (o quizás la primera) existe acaso en el plano de lo apenas perceptible a pesar de su gran tamaño y su noble aunque certera manera de imponerse  en un espacio que creemos dominar y del que apenas percibimos algún significativo campo. Solo en el recorrido, en la relación, en el andar, estos dos polos configuran su unidad.

 

El cuerpo anda, deambula, crece, vive viviendo; haciendo trazas tanto de su contingencia como de su añadida ignorancia. Solo como experiencia, como indagación en sus  habitus logramos atrapar una temporalidad y una territorialidad siempre postergadas.

 

Dannys Montes de Oca, Asunción – Santiago de Chile , Octubre 2015

Inhabit the body and understand the soul.

 

It is no coincidence that the work of Adriana González Brun for the first International Biennale of Asuncion constitutes both the literal and figurative inversions of a house (el doble invertido de una casa). This installation consists of two parts. When the viewer arrives at Juan Salazar cultural center they may find -depending on where they come from and from where they enter the space- the deconstructed (geometrizante) reference to two terracotta houses. One of them in its "usual" position- upright; The other, the empty shell of the first, (o su vacío) inverted and half buried. To read both houses as a unit is an act that the artist leaves not only to the will of the viewer but also to their associative and intellectual capacities, as well as their ability to extrapolate realities (traspoladora de realidades).

 

I have intentionally highlighted the terms "deconstructed" (geometrizante) and "usual" with desire to refer to the changing perceptions of the geometry of the body within the space. In other words, its projections within spatial displacement, which alters both the "habitat" and the "habitus" of its corporeal condition.

 

Always having arrived from one voyage or another, Gonzalez Brun brings us into a relationship with the call of the earth, supposedly the mother Earth or the fatherland. But can this positioning of mother-father, positive-negative, feminine-masculine, original-derivatory, return us to the situation of primordial universal balance we once enjoyed? We are all on a voyage, and this is the great enigma held by this works' poetic construction.

 

Brazenly present, blocking the way to the staircase, and forcing us to walk around it looking for something, the first house (or perhaps the second, depending on our gaze and our path) gives us a sense of uncertainty. There is no entry, we do not know what awaits us inside. We cannot predict the enigmatic situation in which it will place us or has already placed us. The second house (or perhaps the first) exists on the plane of the barely perceptible despite its large size and its noble but firm way of imposing on a space that we feel we dominate, but of which we perceive only a small part. (del que apenas percibimos algún significativo campo) Only by passing between and around the houses (en el recorrido, en la relación, en el andar) and thereby relating them to one another, do the two opposites become a unit.

 

The body wanders, meanders, grows, continues living (vive viviendo)- both marking its contingency and making us aware of gaps in our own knowledge. Only through this experience, through an inquiry into the work’s habitus, can we capture that temporal and territorial essence that escapes us.

 

Dannys Montes de Oca. Asuncion-Santiago October 2015.

De la tierra

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